Feed de Artículos de Opinión
SITUACIONES DE PELIGRO EN LA CAZA
Carlos Irujo
La caza de montaña, como actividad que se lleva a cabo con armas y en lugares accidentados y solitarios puede generar múltiples y variadas de situaciones de peligro, por lo que debemos poner de nuestra parte todo tipo de prevenciones para impedir que ocurran ni siquiera una vez, ya que en ello nos puede ir incluso muestra vida.
Nunca está de mas recordar a los lectores, lo fundamental que es comenzar con una educación exhaustiva del joven cazador en el cuidado y manejo de las armas, algo que en mi caso he tenido la inmensa fortuna de contar con ambos padres cazadores que fueron muy estrictos en este sentido, lo que me facilitó mucho el aprendizaje de lo más elemental desde muy temprana edad, enseñanzas que debemos llevar a la practica siempre y no olvidar jamás. Hoy en día siempre que tengo en mis manos un arma, lo primero que hago es comprobar las veces que haga falta que esté descargada, no apuntar jamás a nadie, etc., en definitiva, no olvidar nunca que lo que tengo en mis manos no es ni mas ni menos que una maquina de matar que mal utilizada puede provocar una situación gravísima e irreversible.
Centrándome en las situaciones de peligro que he tenido en mis 35 años de deambulares cinegéticos, recuerdo por ejemplo hace ya bastantes años una madrugada en los que estaba recechando corzos en la sierra de Leyre y me metí por una estrecha faja de un lugar basta escarpado que tenía por bajo un cortado bastante considerable con el fin de gemelear una zona muy querenciosa que se veía desde allí, cuando salió delante mía una jabalina de mediano tamaño seguida de sus crías recién nacidas alejándose por la misma senda que yo estaba utilizando. Para mi sorpresa, el animal llegó al final de la faja y al comprobar que no tenía salida al estar cortada a pico, volvió sobre sus pasos dirigiéndose hacia mi como una exhalación por la misma senda, pudiéndose hacer cargo el lector de cómo me subió la adrenalina. Yo no quería disparar, pero ante la duda de que me atacara o me volteara al encontrarme en su camino, instintivamente y muy a mi pesar no tuve mas remedio que encararme el 243, so pena de que me tirara barranco abajo, y no viendo mas que pelo por la mira de rececho dispararle de frente a muy escasa distancia, teniendo la fortuna de que cayera abatida prácticamente a mis pies. La situación fue para vivirla, pero me dejó un mal sabor de boca ya que intenté hasta el ultimo momento no abatirla, y un gran susto.
En el alto Pirineo, a pesar de que siempre he intentado tener todo el cuidado posible por lo que implica el andar por estos preciosos parajes, he vivido algunas situaciones que pudieron acabar en percances, principalmente con la desorientación con las nieblas, el exceso de confianza al alejarme mucho y hacérseme de noche para volver, los cambios metereológicos y la nieve recién caída. Recuerdo como ejemplo un caluroso día de primavera en el que en días anteriores había caído una importante nevada que había salido a sacar fotos de sarrios y después de todo un día andando por una zona que conocía, estaba volviendo hacía mi lugar de salida, cuando llegué a una ladera que estaba cubierta de abundante nieve y que al estar en medio del camino de vuelta invitaba a cruzarla por su mitad en vez de seguir las mas elementales normas de seguridad que deben imperar en la alta montaña en casos como este. Allí me tenían a mis 25 años llenos de fuerza y juventud y mi limitada experiencia, cansado después de muchas horas de camino dudando durante un buen rato si avanzar o no, cuando gracias a Dios y a mi buena estrella, decidí que más valía cansarse y perder una hora sorteando el circo por arriba donde no había peligro. Cuando ya estaba subiendo en vertical sudando como un condenado metido de nieve hasta casi la cintura por donde debía, fui testigo de un importante alud de la vaguada donde había pretendido pasar que se llevó hasta debajo de la montaña toda la nieve acumulada.
La caza de montaña, como actividad que se lleva a cabo con armas y en lugares accidentados y solitarios puede generar múltiples y variadas de situaciones de peligro, por lo que debemos poner de nuestra parte todo tipo de prevenciones para impedir que ocurran ni siquiera una vez, ya que en ello nos puede ir incluso muestra vida.
Nunca está de mas recordar a los lectores, lo fundamental que es comenzar con una educación exhaustiva del joven cazador en el cuidado y manejo de las armas, algo que en mi caso he tenido la inmensa fortuna de contar con ambos padres cazadores que fueron muy estrictos en este sentido, lo que me facilitó mucho el aprendizaje de lo más elemental desde muy temprana edad, enseñanzas que debemos llevar a la practica siempre y no olvidar jamás. Hoy en día siempre que tengo en mis manos un arma, lo primero que hago es comprobar las veces que haga falta que esté descargada, no apuntar jamás a nadie, etc., en definitiva, no olvidar nunca que lo que tengo en mis manos no es ni mas ni menos que una maquina de matar que mal utilizada puede provocar una situación gravísima e irreversible.
Centrándome en las situaciones de peligro que he tenido en mis 35 años de deambulares cinegéticos, recuerdo por ejemplo hace ya bastantes años una madrugada en los que estaba recechando corzos en la sierra de Leyre y me metí por una estrecha faja de un lugar basta escarpado que tenía por bajo un cortado bastante considerable con el fin de gemelear una zona muy querenciosa que se veía desde allí, cuando salió delante mía una jabalina de mediano tamaño seguida de sus crías recién nacidas alejándose por la misma senda que yo estaba utilizando. Para mi sorpresa, el animal llegó al final de la faja y al comprobar que no tenía salida al estar cortada a pico, volvió sobre sus pasos dirigiéndose hacia mi como una exhalación por la misma senda, pudiéndose hacer cargo el lector de cómo me subió la adrenalina. Yo no quería disparar, pero ante la duda de que me atacara o me volteara al encontrarme en su camino, instintivamente y muy a mi pesar no tuve mas remedio que encararme el 243, so pena de que me tirara barranco abajo, y no viendo mas que pelo por la mira de rececho dispararle de frente a muy escasa distancia, teniendo la fortuna de que cayera abatida prácticamente a mis pies. La situación fue para vivirla, pero me dejó un mal sabor de boca ya que intenté hasta el ultimo momento no abatirla, y un gran susto.
En el alto Pirineo, a pesar de que siempre he intentado tener todo el cuidado posible por lo que implica el andar por estos preciosos parajes, he vivido algunas situaciones que pudieron acabar en percances, principalmente con la desorientación con las nieblas, el exceso de confianza al alejarme mucho y hacérseme de noche para volver, los cambios metereológicos y la nieve recién caída. Recuerdo como ejemplo un caluroso día de primavera en el que en días anteriores había caído una importante nevada que había salido a sacar fotos de sarrios y después de todo un día andando por una zona que conocía, estaba volviendo hacía mi lugar de salida, cuando llegué a una ladera que estaba cubierta de abundante nieve y que al estar en medio del camino de vuelta invitaba a cruzarla por su mitad en vez de seguir las mas elementales normas de seguridad que deben imperar en la alta montaña en casos como este. Allí me tenían a mis 25 años llenos de fuerza y juventud y mi limitada experiencia, cansado después de muchas horas de camino dudando durante un buen rato si avanzar o no, cuando gracias a Dios y a mi buena estrella, decidí que más valía cansarse y perder una hora sorteando el circo por arriba donde no había peligro. Cuando ya estaba subiendo en vertical sudando como un condenado metido de nieve hasta casi la cintura por donde debía, fui testigo de un importante alud de la vaguada donde había pretendido pasar que se llevó hasta debajo de la montaña toda la nieve acumulada.
EL OCTUBRE PALOMERO DEL PIRINEO NAVARRO
Carlos Irujo
La caza de la paloma durante su ruta migratoria es una apasionante modalidad de caza que se ha efectuado desde tiempos inmemoriales en los puestos de los collados navarros del pirineo occidental, siendo las especies que se cazan mayoritariamente la torcaz y en menor cantidad la zurita, por estos pagos llamada txoloma.
Si nos desplazamos de este al oeste podemos nombrar las antiquísimas redes del valle Baztanés de Etxalar, donde es un espectáculo ver trabajar a sus palomeros desde sus atalayas a la entrada del valle bajando hasta las alturas de las copas de los hayedos a los inmensos bandos de miles de torcaces con la sola ayuda de sus palas de madera que imitan el picado de los halcones sobre ellas, dirigiéndolas hasta las redes donde sus compañeros que las atrapan por muchas docenas si la ocasión resulta propicia, o las líneas del que fue famoso coto nacional de Quinto Real ahora cedido a los pueblos de la zona pero que sigue subastando palomeras, el mítico Luzaide-Valcarlos en el valle de Lindux y punto de partida español del camino de Santiago, donde la practica totalidad de sus habitantes son cazadores que cogen las vacaciones en el mes de octubre, incluido mi padre que durante muchos años, a pesar de vivir el resto del año en Pamplona, trasladaba a Burguete su consulta de médico para disfrutar todo lo posible de su afición palomera, o los ya más cercanos a la provincia de Huesca como Guibelea en las cercanías del monte Orhy donde recuerdo que de crío tardábamos más de una hora y media a lomos de caballerías para acceder a las posturas.
En una segunda línea, ya en el interior de Navarra, existen otras líneas palomeras menos importantes en cuanto a número de capturas, pero no por ello menos atractivas para el cazador como las del Valle de Ulzama, donde existen unos fenomenales puestos de contrapasa, El Perdón, Valle de Arce, Arive, Aibar, muchas de las localidades de tierra Estella y de la Ribera.
Se trata de una forma de ver la caza y muchos otros aspectos que la rodean mucho mas intensa de lo que nos podamos imaginar, Si no, ¿Cómo podemos explicar la pasión de muchos cazadores tanto navarros como de otras comunidades, entre las que abundan los franceses, que igual que hicieron sus padres y sus abuelos guardan buena parte de sus vacaciones para cazar junto a sus amigos, que abonan en algunos casos importantes cantidades de dinero para pujar en unas subastas llenas de pretendientes tan locos por la caza como ellos, que trabajan con meses de antelación en la preparación de sus chabolas y el acarreo de leña, en la fabricación de puestos en hayas que en algunas ocasiones alcanzan los 30 metros de altura, pasando semanas acechando el horizonte a la espera de ese vuelo ideal que no llega, pero que cuando por fin se llenan los cielos de miles de palomas compensa con creces la larga espera?. Sin duda es una forma diferente y apasionada de vivir la caza y todo lo bueno que puede rodearla, como puede ser el aderezarla con inolvidables comilonas en las que abunda el buen disfrute de la gastronomía que tanto se estila por estas tierras y el mejor beber acompañado de largas partidas de mus, todo ello en un entorno natural único e incomparable como son las inmensas selvas del pirineo navarro pobladas de hayedos y de abetales que se van tintando en esta época de múltiples tonalidades que enamoran y enganchan para siempre a quienes tienen la ocasión de contemplarlas.
Como acceder a este tipo de caza: De los aproximadamente 4.000 puestos o púlpitos que hay en Navarra, un parte de ellos son cedidos por los ayuntamientos mediante adjudicación directa a las asociaciones locales de cazadores, cuyos socios practican en ellos una caza social, y otros, que son los que pueden interesar a nuestros lectores, son objeto de subastas al mejor postor, teniendo gran importancia en su precio final la comodidad de sus accesos y la calidad de las chabolas que los cazadores utilizan en sus ratos de ocio y descanso.
Precios: Si hablamos de precios, los hay como en botica, desde unas accesibles 180 € (30.000 pesetas) hasta unos excesivos 15.000 € si queremos acceder a alguno de los más famosos. (Basta recordar que hay años que las subastas de lineas de Quinto Real y Gabarbide de Valcarlos fluctúan entre 30 y 40 millones de pesetas). Medio centenar de ellos son considerados de una categoría especial por su elevado número de capturas, llegando a varios centenares de ejemplares en el mes que dura la pasa, superando en casos excepcionales las 500 palomas.
El número de palomas que se pueden abatir durante la temporada no se ha sabido nunca oficialmente, ya que los cazadores no tienen la obligación de informar de las capturas realizadas, pero se popularmente se ha hablado de cifras alrededor de los 100.000 ejemplares, cantidad que creo que en la actualidad es bastante inferior, ya que parece ser que a pesar de que las poblaciones de paloma que hay en Europa son estables, incluso con tendencia a aumentar, lo cierto es que debido a la bonanza de la meteorología ello hace que los inviernos sean ahora más suaves, así como el espectacular aumento de los cultivos intensivos en toda Francia y en resto de Europa, lo que hace que un cierto número de palomas no se tengan que desplazar al sur en busca de alimento es lógico que estén perdiendo parte del espíritu migratorio que tenían hace años. Se habla de que antiguamente cruzaban el pirineo unos 10 ó 12 millones de palomas y hoy en día ha disminuido hasta los 2 ó 3 millones. Si a esto le sumamos que antiguamente los bandos de palomas llegaban a la frontera sin tirotear al no haber prácticamente en la zona francesa puestos que pudiesen perturbar su dirección, y que hoy en día desde las Landas hasta la frontera española existen decenas y decenas de líneas de puestos llenas de ávidos cazadores franceses que presionan a los bandos a elevarse y a buscar rutas alternativas a través de otros subvalles más occidentales, lo normal es que hayan disminuido las capturas en los lugares antaño tradicionales, pero que han elevado de forma espectacular en los nuevos lugares por los que intentan cruzar, como ocurre en los cotos de la regata del río Bidasoa, incluso en la vecina Guipúzcoa, donde se las puede ver cruzar cerca del mar.
Climatología: Un condicionante muy importante para la caza de la paloma migratoria depende de la metereología y más en particular de la gran importancia de los vientos. En primer lugar es necesario que el tiempo esté despejado, ya que la lluvia, los temporales o la niebla impiden la migración. En segundo lugar, es preferible que haya viento sur o bochorno, ya que con ello los bandos van contra el viento acercándose a los collados muy cercanas a las copas de los árboles y facilitando a los cazadores grandes cacerías al poder efectuar sus disparos mas cerca. Por el contrario, los días de viento norte las palomas los cruzan con viento de cola a gran altura y velocidad, lo que dificulta o impide su captura al cruzar estas fuera de tiro o en los límites del mismo.
Regulación Normativa: El periodo de caza de la paloma torcaz y zurita y malvíz, está autorizado desde el 1 de octubre hasta el 8 de diciembre, pudiéndose cazar todos los días desde los puestos y chozas autorizados. Los puestos de tiro han de ser fijos, tanto desde suelo como en lo alto de los árboles, estar autorizados en los Planes de Ordenación de los cotos de caza, ubicados en las cumbres de las cordilleras o en las zonas altas de las laderas, quedando prohibidas las escopetas volantes y transitar fuera de los puestos con las armas desenfundadas, excepto cuando el cazador salga a recoger una paloma caída en la proximidad del puesto, en cuyo caso deberá llevar el arma descargada. Una novedad que conviene destacar este año es que en aras de la seguridad cada puesto solo se podrá utilizar por un máximo de tres cazadores simultáneamente.
Las fechas claves son la semana anterior y posterior al 12 de octubre, festividad de la virgen del Pilar, decreciendo paulatinamente conforme se acerca se acerca el fin de mes y la llegada de los fríos invernales, eso si, con la llegada de los primeros fríos invernales suele haber golpes muy fuertes de pasa procedente de los bandos que han aguantado hasta ultima hora concentrándose en el sur de Francia alimentándose en los maizales de las Landas.
Los puestos de tiro, situados en línea de espera, tienen la obligación de tener una separación mínima de 50 metros, y en caso de interferencia entre ellos, tiene preferencia el más antiguo. Se entiende que hay interferencia cuando la eficacia del puesto preferente queda mermada y no exista acuerdo para cazar conjuntamente entre los titulares de los puestos afectados.
Para los cazadores que se animen he de indicar que las ofertas de las subastas suelen salir publicadas en el Boletín Oficial de Navarra cuya dirección de internet es HTTP://WWW.CFNAVARRA.ES/MEDIOAMBIENTE, o en los anuncios de periódicos de ámbito local como el Diario de Navarra , siendo de interés para recabar información el teléfono del gobierno de Navarra 848 427000, o el de la Asociación de Cazadores Navarros 948 175049.
La caza de la paloma durante su ruta migratoria es una apasionante modalidad de caza que se ha efectuado desde tiempos inmemoriales en los puestos de los collados navarros del pirineo occidental, siendo las especies que se cazan mayoritariamente la torcaz y en menor cantidad la zurita, por estos pagos llamada txoloma.
Si nos desplazamos de este al oeste podemos nombrar las antiquísimas redes del valle Baztanés de Etxalar, donde es un espectáculo ver trabajar a sus palomeros desde sus atalayas a la entrada del valle bajando hasta las alturas de las copas de los hayedos a los inmensos bandos de miles de torcaces con la sola ayuda de sus palas de madera que imitan el picado de los halcones sobre ellas, dirigiéndolas hasta las redes donde sus compañeros que las atrapan por muchas docenas si la ocasión resulta propicia, o las líneas del que fue famoso coto nacional de Quinto Real ahora cedido a los pueblos de la zona pero que sigue subastando palomeras, el mítico Luzaide-Valcarlos en el valle de Lindux y punto de partida español del camino de Santiago, donde la practica totalidad de sus habitantes son cazadores que cogen las vacaciones en el mes de octubre, incluido mi padre que durante muchos años, a pesar de vivir el resto del año en Pamplona, trasladaba a Burguete su consulta de médico para disfrutar todo lo posible de su afición palomera, o los ya más cercanos a la provincia de Huesca como Guibelea en las cercanías del monte Orhy donde recuerdo que de crío tardábamos más de una hora y media a lomos de caballerías para acceder a las posturas.
En una segunda línea, ya en el interior de Navarra, existen otras líneas palomeras menos importantes en cuanto a número de capturas, pero no por ello menos atractivas para el cazador como las del Valle de Ulzama, donde existen unos fenomenales puestos de contrapasa, El Perdón, Valle de Arce, Arive, Aibar, muchas de las localidades de tierra Estella y de la Ribera.
Se trata de una forma de ver la caza y muchos otros aspectos que la rodean mucho mas intensa de lo que nos podamos imaginar, Si no, ¿Cómo podemos explicar la pasión de muchos cazadores tanto navarros como de otras comunidades, entre las que abundan los franceses, que igual que hicieron sus padres y sus abuelos guardan buena parte de sus vacaciones para cazar junto a sus amigos, que abonan en algunos casos importantes cantidades de dinero para pujar en unas subastas llenas de pretendientes tan locos por la caza como ellos, que trabajan con meses de antelación en la preparación de sus chabolas y el acarreo de leña, en la fabricación de puestos en hayas que en algunas ocasiones alcanzan los 30 metros de altura, pasando semanas acechando el horizonte a la espera de ese vuelo ideal que no llega, pero que cuando por fin se llenan los cielos de miles de palomas compensa con creces la larga espera?. Sin duda es una forma diferente y apasionada de vivir la caza y todo lo bueno que puede rodearla, como puede ser el aderezarla con inolvidables comilonas en las que abunda el buen disfrute de la gastronomía que tanto se estila por estas tierras y el mejor beber acompañado de largas partidas de mus, todo ello en un entorno natural único e incomparable como son las inmensas selvas del pirineo navarro pobladas de hayedos y de abetales que se van tintando en esta época de múltiples tonalidades que enamoran y enganchan para siempre a quienes tienen la ocasión de contemplarlas.
Como acceder a este tipo de caza: De los aproximadamente 4.000 puestos o púlpitos que hay en Navarra, un parte de ellos son cedidos por los ayuntamientos mediante adjudicación directa a las asociaciones locales de cazadores, cuyos socios practican en ellos una caza social, y otros, que son los que pueden interesar a nuestros lectores, son objeto de subastas al mejor postor, teniendo gran importancia en su precio final la comodidad de sus accesos y la calidad de las chabolas que los cazadores utilizan en sus ratos de ocio y descanso.
Precios: Si hablamos de precios, los hay como en botica, desde unas accesibles 180 € (30.000 pesetas) hasta unos excesivos 15.000 € si queremos acceder a alguno de los más famosos. (Basta recordar que hay años que las subastas de lineas de Quinto Real y Gabarbide de Valcarlos fluctúan entre 30 y 40 millones de pesetas). Medio centenar de ellos son considerados de una categoría especial por su elevado número de capturas, llegando a varios centenares de ejemplares en el mes que dura la pasa, superando en casos excepcionales las 500 palomas.
El número de palomas que se pueden abatir durante la temporada no se ha sabido nunca oficialmente, ya que los cazadores no tienen la obligación de informar de las capturas realizadas, pero se popularmente se ha hablado de cifras alrededor de los 100.000 ejemplares, cantidad que creo que en la actualidad es bastante inferior, ya que parece ser que a pesar de que las poblaciones de paloma que hay en Europa son estables, incluso con tendencia a aumentar, lo cierto es que debido a la bonanza de la meteorología ello hace que los inviernos sean ahora más suaves, así como el espectacular aumento de los cultivos intensivos en toda Francia y en resto de Europa, lo que hace que un cierto número de palomas no se tengan que desplazar al sur en busca de alimento es lógico que estén perdiendo parte del espíritu migratorio que tenían hace años. Se habla de que antiguamente cruzaban el pirineo unos 10 ó 12 millones de palomas y hoy en día ha disminuido hasta los 2 ó 3 millones. Si a esto le sumamos que antiguamente los bandos de palomas llegaban a la frontera sin tirotear al no haber prácticamente en la zona francesa puestos que pudiesen perturbar su dirección, y que hoy en día desde las Landas hasta la frontera española existen decenas y decenas de líneas de puestos llenas de ávidos cazadores franceses que presionan a los bandos a elevarse y a buscar rutas alternativas a través de otros subvalles más occidentales, lo normal es que hayan disminuido las capturas en los lugares antaño tradicionales, pero que han elevado de forma espectacular en los nuevos lugares por los que intentan cruzar, como ocurre en los cotos de la regata del río Bidasoa, incluso en la vecina Guipúzcoa, donde se las puede ver cruzar cerca del mar.
Climatología: Un condicionante muy importante para la caza de la paloma migratoria depende de la metereología y más en particular de la gran importancia de los vientos. En primer lugar es necesario que el tiempo esté despejado, ya que la lluvia, los temporales o la niebla impiden la migración. En segundo lugar, es preferible que haya viento sur o bochorno, ya que con ello los bandos van contra el viento acercándose a los collados muy cercanas a las copas de los árboles y facilitando a los cazadores grandes cacerías al poder efectuar sus disparos mas cerca. Por el contrario, los días de viento norte las palomas los cruzan con viento de cola a gran altura y velocidad, lo que dificulta o impide su captura al cruzar estas fuera de tiro o en los límites del mismo.
Regulación Normativa: El periodo de caza de la paloma torcaz y zurita y malvíz, está autorizado desde el 1 de octubre hasta el 8 de diciembre, pudiéndose cazar todos los días desde los puestos y chozas autorizados. Los puestos de tiro han de ser fijos, tanto desde suelo como en lo alto de los árboles, estar autorizados en los Planes de Ordenación de los cotos de caza, ubicados en las cumbres de las cordilleras o en las zonas altas de las laderas, quedando prohibidas las escopetas volantes y transitar fuera de los puestos con las armas desenfundadas, excepto cuando el cazador salga a recoger una paloma caída en la proximidad del puesto, en cuyo caso deberá llevar el arma descargada. Una novedad que conviene destacar este año es que en aras de la seguridad cada puesto solo se podrá utilizar por un máximo de tres cazadores simultáneamente.
Las fechas claves son la semana anterior y posterior al 12 de octubre, festividad de la virgen del Pilar, decreciendo paulatinamente conforme se acerca se acerca el fin de mes y la llegada de los fríos invernales, eso si, con la llegada de los primeros fríos invernales suele haber golpes muy fuertes de pasa procedente de los bandos que han aguantado hasta ultima hora concentrándose en el sur de Francia alimentándose en los maizales de las Landas.
Los puestos de tiro, situados en línea de espera, tienen la obligación de tener una separación mínima de 50 metros, y en caso de interferencia entre ellos, tiene preferencia el más antiguo. Se entiende que hay interferencia cuando la eficacia del puesto preferente queda mermada y no exista acuerdo para cazar conjuntamente entre los titulares de los puestos afectados.
Para los cazadores que se animen he de indicar que las ofertas de las subastas suelen salir publicadas en el Boletín Oficial de Navarra cuya dirección de internet es HTTP://WWW.CFNAVARRA.ES/MEDIOAMBIENTE, o en los anuncios de periódicos de ámbito local como el Diario de Navarra , siendo de interés para recabar información el teléfono del gobierno de Navarra 848 427000, o el de la Asociación de Cazadores Navarros 948 175049.
No se puede cazar con la mentalidad del siglo XIX
Miguel Íñigo Noáin – Presidente de ADECANA
¿Cree que la sociedad valora la caza con justicia?
No, hay una mala imagen de la caza, porque la gente sigue viendo al cazador como ese ser depravado que se echa al campo y arrasa con todo. Nosotros somos una herramienta de gestión y, de hecho, una de las finalidades de Adecana es la formación del cazador, conseguir que éste cambie de mentalidad. Ya no se puede cazar con la mentalidad del siglo XIX, sino con la del siglo XXI, es decir, la caza como gestión.
Es evidente que la caza posee una función importante.
Importantísima, porque, si dejásemos de cazar, habría que contratar cazadores o inventar alguna otra fórmula. En la última temporada, se han cazado unos 5.000 jabalíes en Navarra. Si esos animales no se hubieran cazado, al año siguiente habrían nacido muchísimas crías, y la población crecería a una ritmo elevadísimo. Cazándose esos 5.000 jabalíes al año, todavía continuamos teniendo problemas con daños a la agricultura y con accidentes de tráfico. ¿Qué pasaría si no se cazasen? Que en tres o cuatro años, la situación sería insostenible. La caza es necesaria.
Habría que trasladar eso a la sociedad.
El problema es que no hay formación en la juventud. En Francia, por ejemplo, las asociaciones de cazadores van a los colegios a enseñar a los niños en qué consiste la caza y el porqué es necesaria. Eso falta aquí, donde seguimos con la historia de Bambi y el cazador malo que mató a su madre. Son influencias negativas.
Y la situación no es así.
Es lo que intentamos. Ya no vale una caza indiscriminada, sino que debe ser mucho más sensata y racional. Debe convertirse en una caza de gestión y, para gestionar, es necesario conocer muy bien a la especie y, sobre todo, respetar a los animales.
Además, la caza y sus problemas van cambiando.
Las modificaciones en los usos y costumbres agrícolas, y los cambios de organización del territorio son cuestiones importantes. En Navarra, con las autopistas, autovías, canales, y ahora con la red de Alta Velocidad, el territorio está totalmente parcelado, y eso conlleva grandes problemas para los desplazamientos naturales de los animales. Hay que saber buscarle la vuelta y encontrar compensaciones.
¿En qué hay que poner mayor hincapié?
En este momento, dos de los mayores problemas para los cazadores son, por un lado, el tema de los seguros, tanto por daños a la agricultura como por accidentes de tráfico, y los planes de ordenación cinegética; y, por otro, la mejora del medio ambiente y de las especies: qué pasa con la gestión del jabalí o el tema de la perdiz.
¿Suponen un problema los planes de ordenación cinegética?
Llevamos muchos años de planes cinegéticos sin ver eficacia. Al final, se acaban convirtiendo en un mero trámite burocrático, de un alto coste y del que no se ven resultados, porque no han calado en los cazadores. Creemos que estos planes son importantes, pero que su ámbito no debería ser tan restrictivo como para un coto, sino más de área, comarcales. Serían más útiles, porque la problemática de los cotos de una misma cuenca suele ser la misma.
Esta es la entrevista realizada a Miguel Íñigo Noáin Presidente de Adecana por Diario de Navarra: Aquí os dejamos el enlace a la Noticia en el Diario de Navarra. Y aquí os dejamos un comunicado de Miguel Íñigo, sobre el porqué de Adecana
¿Cree que la sociedad valora la caza con justicia?
No, hay una mala imagen de la caza, porque la gente sigue viendo al cazador como ese ser depravado que se echa al campo y arrasa con todo. Nosotros somos una herramienta de gestión y, de hecho, una de las finalidades de Adecana es la formación del cazador, conseguir que éste cambie de mentalidad. Ya no se puede cazar con la mentalidad del siglo XIX, sino con la del siglo XXI, es decir, la caza como gestión.
Es evidente que la caza posee una función importante.
Importantísima, porque, si dejásemos de cazar, habría que contratar cazadores o inventar alguna otra fórmula. En la última temporada, se han cazado unos 5.000 jabalíes en Navarra. Si esos animales no se hubieran cazado, al año siguiente habrían nacido muchísimas crías, y la población crecería a una ritmo elevadísimo. Cazándose esos 5.000 jabalíes al año, todavía continuamos teniendo problemas con daños a la agricultura y con accidentes de tráfico. ¿Qué pasaría si no se cazasen? Que en tres o cuatro años, la situación sería insostenible. La caza es necesaria.
Habría que trasladar eso a la sociedad.
El problema es que no hay formación en la juventud. En Francia, por ejemplo, las asociaciones de cazadores van a los colegios a enseñar a los niños en qué consiste la caza y el porqué es necesaria. Eso falta aquí, donde seguimos con la historia de Bambi y el cazador malo que mató a su madre. Son influencias negativas.
Y la situación no es así.
Es lo que intentamos. Ya no vale una caza indiscriminada, sino que debe ser mucho más sensata y racional. Debe convertirse en una caza de gestión y, para gestionar, es necesario conocer muy bien a la especie y, sobre todo, respetar a los animales.
Además, la caza y sus problemas van cambiando.
Las modificaciones en los usos y costumbres agrícolas, y los cambios de organización del territorio son cuestiones importantes. En Navarra, con las autopistas, autovías, canales, y ahora con la red de Alta Velocidad, el territorio está totalmente parcelado, y eso conlleva grandes problemas para los desplazamientos naturales de los animales. Hay que saber buscarle la vuelta y encontrar compensaciones.
¿En qué hay que poner mayor hincapié?
En este momento, dos de los mayores problemas para los cazadores son, por un lado, el tema de los seguros, tanto por daños a la agricultura como por accidentes de tráfico, y los planes de ordenación cinegética; y, por otro, la mejora del medio ambiente y de las especies: qué pasa con la gestión del jabalí o el tema de la perdiz.
¿Suponen un problema los planes de ordenación cinegética?
Llevamos muchos años de planes cinegéticos sin ver eficacia. Al final, se acaban convirtiendo en un mero trámite burocrático, de un alto coste y del que no se ven resultados, porque no han calado en los cazadores. Creemos que estos planes son importantes, pero que su ámbito no debería ser tan restrictivo como para un coto, sino más de área, comarcales. Serían más útiles, porque la problemática de los cotos de una misma cuenca suele ser la misma.
Esta es la entrevista realizada a Miguel Íñigo Noáin Presidente de Adecana por Diario de Navarra: Aquí os dejamos el enlace a la Noticia en el Diario de Navarra. Y aquí os dejamos un comunicado de Miguel Íñigo, sobre el porqué de Adecana
Volvamos a ennoblecer la Caza
Empiezo por señalar que no voy a desarrollar ningún tratado acerca de cómo caza el cuerpo de la nobleza, ni esto es un intento de animar a que la caza moderna vuelva a manos exclusivas de los miembros de tales castas de alta alcurnia, como cabría deducir de una lectura somera del título de esta reflexión. Nada más lejos de mi idea. Mas bien lo que pretendo es buscar el adjetivo mas adecuado por honorable, a aquello que significa cazar cumpliendo con la caza, noblemente, en el sentido que da la Academia en su acepción de apreciable, estimable, contrario a lo deshonrado y mezquino, que tanto prolifera en torno a esta, nuestra querida afición cinegética, en nuestros días. Para ello me dirijo a cualquier clase de cazador que se precie, pero especialmente a quienes cazamos a pie, a nivel del suelo, no en las alturas, lugar donde ya se sabe que uno es noble porque lo dice un papel y basta. El resto de los mortales nos tenemos que ganar ese adjetivo a base de buenos actos. Nos hace mucha falta que la caza popular sea noble, contrariamente a lo que se ha convertido y debemos recuperar esa consideración social que en su momento tuvo.
Cuando se cazaba para comer no cabía buscar justificación alguna ni distinción entre tipos de proteínas o método para obtenerlas, según fuera el abatido un animal u otro; macho, hembra o cría; dormido o despierta; en primavera o duro invierno. Para el hombre cazador se trataba de seguir viviendo. Querer criticar o justificar aquella caza primitiva es un desatino y una pérdida de visión o enfoque porque respondía a lo esencial del ser humano predador, pero, en este breve viaje temporal que planteo, analizar su causalidad me sirve de punto de partida para iniciar esta reflexión. Sencillamente, entonces se cazaba y punto, que no era poco, sin proceder debate alguno que llevarse a la sesera.
Mucho mas tarde, cuando cazar se convirtió en distracción para los ricos y reyes, estos, precisamente para elevar su derecho a la práctica venatoria sobre la andrajosa plebe, algo furtivilla por cierto, se inventaron el concepto de deportividad -entendido como juego limpio con la pieza-, que les sirvió para legitimar éticamente sus cacerías y perpetuar la exclusividad, dándose cuenta de que, lo que se inicio como coartada o excusa, en realidad, proporcionaba el placer adicional de lo bien hecho. Esa idea culmina favorablemente en los tiempos de los grandes escritores cinegéticos que todos conocemos y que narraban sus cacerías y salidas cinegéticas como algo positivo, satisfactorio, motivo de orgullo y hasta épico, admirado por el resto de los ciudadanos no cazadores. Lamentablemente, cuando ya todos pudimos cazar y el ocio se extendió a las demás capas sociales, este concepto de juego limpio se difumina y da paso al de competitividad, que se popularizó posteriormente, como suele ocurrir cuando algo se masifica, porque siempre hay quién ha de ser superior a todos en algo, tan propio del ser humano, en nuestro caso el que mas y mejor caza para, en aras de la competición, terminar siendo el que mas mata de todos. Esto de la deportividad en la caza perdura hasta nuestros días como justificación y cierto intento de mimetizar algunas de nuestras vergüenzas, frente a la sociedad no cazadora. Sin embargo, como la mentira tiene poco recorrido, eso de caza-deporte ha terminando siendo un anacronismo a todas luces, muy lejos del juego limpio que buscaban nuestros padres cazadores antiguos, cuando de aplicarlo a la actual caza comercial se trata, barrido y superado, todo ello de un plumazo, en su valoración moral, por el ecologismo urbanita emergente, que ejerce el desprecio mas radical contra esa caza, deportiva –y por extensión contra cualquier otra- aunque halla entre nosotros quien se empeñe en seguir con ese discurso deportista, promotor del ejercicio corporal competitivo sobre animales cazables, que nadie cree ni sirve como justificación de la caza, sencillamente porque es falso.
Superado por la actual sociedad mercantilista -donde solo sobrevive lo que tiene un valor económico- ese deporte cinegético es lo primero que se somete al juicio y a las reglas implacables del mercado, sirviendo ahora solo para llenar bolsillos, campeonato a campeonato, temporada a temporada…. “y dejémonos de gaitas éticas”, que diría un fabricante de gallinos de granja, listos para ser ajusticiados en el ojeo del domingo, o en la popular suelta a “mata cuelga”, tras meterse muchos euros en la buchaca, a cambio de semejante jolgorio de cartón piedra, eso si, muy “deportivo”. Este batiburrillo conceptual y de justificaciones, en un somero recorrido causal y temporal como el que acabo de hacer, es a lo que la caza ha llegado, pero a muchos cazadores no nos gusta nada, es mas nos avergüenza y repugna por carecer de dignidad y motivación esencial.
Se abre paso, como una auténtica necesidad para el cazador moderno, dar a nuestra afición, la caza, un valor humano indiscutible, -blindado por conseguir ser apreciable socialmente- lejos de tanta farfolla deportiva y comercial, carente de causa justa. Muchos, herederos de la antigua idea del juego limpio y apenas unos cuantos románticos mas, cazamos con reglas venatorias (modalidades y tradiciones) que imponen el respeto a la pieza de caza y, además, nos hacernos responsables de la gestión de supervivencia de estas especies de caza, mediante nuestra implicación personal en su propia existencia. Nuestra idea es que, ahora, seguimos cazando por el placer o por la distracción que nos proporciona la búsqueda de nuestro papel esencial de predador dentro de la Naturaleza, del cual cada vez nos vemos mas empujados a alejarnos, en esta sociedad industrial de masificación irreversible, si, pero tenemos clara nuestra nueva frontera, a la que debemos tender, como un intento de retorno o de rescate de lo que somos cuando cazamos, pero con reglas y responsabilidades. En definitiva queremos seguir cazando, desde luego, pero noblemente, habiendo cumplido antes con la caza.
Ese derecho esencial a poder cazar, que nos pertenece como especie, sin distinción de épocas ni de clases, permite a los cazadores evitar tener que justificarnos ante nadie, pero, si queremos cazar con compromiso y responsabilidad, no debemos ni podemos librarnos de buscar y encontrar esa causa o motivo de cazar, única y exclusivamente, ante nosotros mismos, sin mirar a nadie mas. Sigue siendo necesario. Esta inquietud, afortunadamente, la despejamos en el hecho y en la forma de abatir las piezas de caza, cazando limpiamente, además de pasar por la firma tácita de un contrato vital no escrito de respeto hacia la especie cinegética y con sus ciclos. Todo ello, como afirmo, permite llegar a ennoblecer la práctica de la caza por su forma de entenderla y de llevarla a cabo.
Hoy en día la artificialidad ha invadido la caza por todas partes y la ha transformado en meras acciones previsibles de dar muerte a animales en movimiento. Viendo que esa caza artificial, basada en el mercantilismo, no se despega, es mas se oculta, adherida y detrás del verdadero concepto de cazar, confundiéndose hasta en la denominación, a los cazadores no nos queda otro remedio que la reivindicación de nuestro compromiso con ella, que es, precisamente, lo que no existe en la simple muerte ocasional de un animal que vale mucha pasta. Así que, si queremos mantener esto que llamamos caza como algo digno, debemos hacerlo noblemente.
Cumplir con la caza significa hallar esta tranquilidad espiritual que buscamos ante el animal abatido, tras el lance, pero solo y cuando le hemos cazado previamente. Ese debe ser nuestro compromiso contractual individual y colectivo, huyendo de matar por matar, por deporte o por negocio, como se viene haciendo últimamente. Desarrollar, en consecuencia, el principio que ya definió Ortega y Gasset acerca de cazar como "Matar por haber cazado", que decía el recordado e ilustre pensador.
Si buscamos convertir el cazar en algo sencillo, rápido, simple, fácil y cómodo es decir, únicamente, en matar, tal pretensión se aleja de la propia justificación que busca el verdadero cazador en si mismo. No encuentra placer ni justificación en esa muerte aquel cazador que teniendo protagonismo en la consumada superación de la pieza, una vez abatida, no la ha cazado con dificultad, con reglas, con compromiso, cumpliendo, en suma, con ella.
Matar cómodamente, sin destreza, sin práctica ritual y tradicional venatoria, con desproporción de medios técnicos sobre el animal, limitando sus querencias, sus espacios, sus recursos, sus defensas. Todo ello no es caza, es matar sin finalidad esencial y por el placer de hacerlo para aquellos que se conforman con esa simple pretensión irresponsable. En esa pseudocaza no existe respeto ni contrato vital alguno con la pieza y nada tiene que ver con lo nuestro.
Resumiendo, matar por placer, sin más cláusulas, supone ser cómplice de poner en valor, exclusivamente, la muerte del animal, al servicio de quien pague o cobre por hacerlo. La caza no es esto, ni a eso debemos llamarle caza. Cercones, gallinos, masificación y repetición de cacerías, descastes por mala gestión, artificialidad en busca de la matanza perfecta, fácil y sin límites, pero siempre tasada, solo merecen el desprecio y el rechazo del cazador y la exigencia imperdonable, ahora si, de justificación social para los partícipes de todo ello, aunque se quieran llamar cazadores, sin serlo. Yo también estoy en contra de esa "muerte". Por el contrario cazar exige el respeto a la pieza, a reglas y métodos, para ofrecerle una opción a salvar su vida en el lance; a su derecho a pervivir y mantenerse en el campo; obliga a asegurar a la especie su futuro como pieza de caza, velando, ayudando y garantizando sus procesos vitales y los lugares de caza; manteniendo la máxima autenticidad y naturalidad, entendida como conservación. Nadie va a ocuparse de dignificar la caza, salvo el auténtico cazador. Estamos llamados a ser los únicos y últimos responsables de ese contrato vital leal e inexcusable, si queremos seguir cazando, pero ahora, de nuevo, noblemente.
Si los cazadores nos proponemos día a día, paso a paso, esta nueva frontera de nobleza en nuestra práctica venatoria, dará igual que se afirme que la caza es un negocio, un deporte o una hazaña personal, dejemos ese debate. La caza, entonces, será noble, el cazador también y eso nos prestigiará en su práctica, ante nosotros mismos, que no es poco, en tiempos de crisis total, especialmente de valores humanistas muchos de ellos, por cierto, propios de cazadores desde siempre.
(Dedicado a Juan Miguel Sanchez Roig por defender tenazmente los valores de la caza noble y del cazador comprometido)
José Antonio Martinez del Hierro
Jueves, 29 de Abril de 2010
Cuando se cazaba para comer no cabía buscar justificación alguna ni distinción entre tipos de proteínas o método para obtenerlas, según fuera el abatido un animal u otro; macho, hembra o cría; dormido o despierta; en primavera o duro invierno. Para el hombre cazador se trataba de seguir viviendo. Querer criticar o justificar aquella caza primitiva es un desatino y una pérdida de visión o enfoque porque respondía a lo esencial del ser humano predador, pero, en este breve viaje temporal que planteo, analizar su causalidad me sirve de punto de partida para iniciar esta reflexión. Sencillamente, entonces se cazaba y punto, que no era poco, sin proceder debate alguno que llevarse a la sesera.
Mucho mas tarde, cuando cazar se convirtió en distracción para los ricos y reyes, estos, precisamente para elevar su derecho a la práctica venatoria sobre la andrajosa plebe, algo furtivilla por cierto, se inventaron el concepto de deportividad -entendido como juego limpio con la pieza-, que les sirvió para legitimar éticamente sus cacerías y perpetuar la exclusividad, dándose cuenta de que, lo que se inicio como coartada o excusa, en realidad, proporcionaba el placer adicional de lo bien hecho. Esa idea culmina favorablemente en los tiempos de los grandes escritores cinegéticos que todos conocemos y que narraban sus cacerías y salidas cinegéticas como algo positivo, satisfactorio, motivo de orgullo y hasta épico, admirado por el resto de los ciudadanos no cazadores. Lamentablemente, cuando ya todos pudimos cazar y el ocio se extendió a las demás capas sociales, este concepto de juego limpio se difumina y da paso al de competitividad, que se popularizó posteriormente, como suele ocurrir cuando algo se masifica, porque siempre hay quién ha de ser superior a todos en algo, tan propio del ser humano, en nuestro caso el que mas y mejor caza para, en aras de la competición, terminar siendo el que mas mata de todos. Esto de la deportividad en la caza perdura hasta nuestros días como justificación y cierto intento de mimetizar algunas de nuestras vergüenzas, frente a la sociedad no cazadora. Sin embargo, como la mentira tiene poco recorrido, eso de caza-deporte ha terminando siendo un anacronismo a todas luces, muy lejos del juego limpio que buscaban nuestros padres cazadores antiguos, cuando de aplicarlo a la actual caza comercial se trata, barrido y superado, todo ello de un plumazo, en su valoración moral, por el ecologismo urbanita emergente, que ejerce el desprecio mas radical contra esa caza, deportiva –y por extensión contra cualquier otra- aunque halla entre nosotros quien se empeñe en seguir con ese discurso deportista, promotor del ejercicio corporal competitivo sobre animales cazables, que nadie cree ni sirve como justificación de la caza, sencillamente porque es falso.
Superado por la actual sociedad mercantilista -donde solo sobrevive lo que tiene un valor económico- ese deporte cinegético es lo primero que se somete al juicio y a las reglas implacables del mercado, sirviendo ahora solo para llenar bolsillos, campeonato a campeonato, temporada a temporada…. “y dejémonos de gaitas éticas”, que diría un fabricante de gallinos de granja, listos para ser ajusticiados en el ojeo del domingo, o en la popular suelta a “mata cuelga”, tras meterse muchos euros en la buchaca, a cambio de semejante jolgorio de cartón piedra, eso si, muy “deportivo”. Este batiburrillo conceptual y de justificaciones, en un somero recorrido causal y temporal como el que acabo de hacer, es a lo que la caza ha llegado, pero a muchos cazadores no nos gusta nada, es mas nos avergüenza y repugna por carecer de dignidad y motivación esencial.
Se abre paso, como una auténtica necesidad para el cazador moderno, dar a nuestra afición, la caza, un valor humano indiscutible, -blindado por conseguir ser apreciable socialmente- lejos de tanta farfolla deportiva y comercial, carente de causa justa. Muchos, herederos de la antigua idea del juego limpio y apenas unos cuantos románticos mas, cazamos con reglas venatorias (modalidades y tradiciones) que imponen el respeto a la pieza de caza y, además, nos hacernos responsables de la gestión de supervivencia de estas especies de caza, mediante nuestra implicación personal en su propia existencia. Nuestra idea es que, ahora, seguimos cazando por el placer o por la distracción que nos proporciona la búsqueda de nuestro papel esencial de predador dentro de la Naturaleza, del cual cada vez nos vemos mas empujados a alejarnos, en esta sociedad industrial de masificación irreversible, si, pero tenemos clara nuestra nueva frontera, a la que debemos tender, como un intento de retorno o de rescate de lo que somos cuando cazamos, pero con reglas y responsabilidades. En definitiva queremos seguir cazando, desde luego, pero noblemente, habiendo cumplido antes con la caza.
Ese derecho esencial a poder cazar, que nos pertenece como especie, sin distinción de épocas ni de clases, permite a los cazadores evitar tener que justificarnos ante nadie, pero, si queremos cazar con compromiso y responsabilidad, no debemos ni podemos librarnos de buscar y encontrar esa causa o motivo de cazar, única y exclusivamente, ante nosotros mismos, sin mirar a nadie mas. Sigue siendo necesario. Esta inquietud, afortunadamente, la despejamos en el hecho y en la forma de abatir las piezas de caza, cazando limpiamente, además de pasar por la firma tácita de un contrato vital no escrito de respeto hacia la especie cinegética y con sus ciclos. Todo ello, como afirmo, permite llegar a ennoblecer la práctica de la caza por su forma de entenderla y de llevarla a cabo.
Hoy en día la artificialidad ha invadido la caza por todas partes y la ha transformado en meras acciones previsibles de dar muerte a animales en movimiento. Viendo que esa caza artificial, basada en el mercantilismo, no se despega, es mas se oculta, adherida y detrás del verdadero concepto de cazar, confundiéndose hasta en la denominación, a los cazadores no nos queda otro remedio que la reivindicación de nuestro compromiso con ella, que es, precisamente, lo que no existe en la simple muerte ocasional de un animal que vale mucha pasta. Así que, si queremos mantener esto que llamamos caza como algo digno, debemos hacerlo noblemente.
Cumplir con la caza significa hallar esta tranquilidad espiritual que buscamos ante el animal abatido, tras el lance, pero solo y cuando le hemos cazado previamente. Ese debe ser nuestro compromiso contractual individual y colectivo, huyendo de matar por matar, por deporte o por negocio, como se viene haciendo últimamente. Desarrollar, en consecuencia, el principio que ya definió Ortega y Gasset acerca de cazar como "Matar por haber cazado", que decía el recordado e ilustre pensador.
La caza noble, con el resultado de la muerte de ese animal llamado pieza de caza, precisamente por serlo, viene precedida y avalada dos hechos: por un lado, el deber del ritual de haber cazado y, por otro, el previo compromiso de responsabilidad del cazador sobre su supervivencia como especie cinegética, debidamente aceptado y asumido como propio.
Haber cazado es un proceso y protocolo sucesivo de acciones que puede, o no, casar con el ejercicio físico; que puede, o no, ser valorado económicamente, pero siempre esta acotado, definido, es complejo y esta inexcusablemente escrito en la historia de la caza, en sus distintas modalidades, a base de acumulación de aprendizajes, experiencias y saberes transmitidos. No puede ser alterado, ese proceso, porque responde a las exigencias de comportamiento de cada pieza en concreto -de todas y de cada una- que son consecuencia de su propia evolución natural. Por lo tanto, las modalidades y formas de cazar, digna y noblemente, solo se deben modificar respondiendo en paralelo a los propios cambios evolutivos de la especie y de su entorno, no a razones de conveniencia puntual, técnicas o de beneficio económico. Ese es el compromiso vital y el orden de prioridades que permite matar por haber cazado de una forma predefinida y avalada por la historia de la caza.Si buscamos convertir el cazar en algo sencillo, rápido, simple, fácil y cómodo es decir, únicamente, en matar, tal pretensión se aleja de la propia justificación que busca el verdadero cazador en si mismo. No encuentra placer ni justificación en esa muerte aquel cazador que teniendo protagonismo en la consumada superación de la pieza, una vez abatida, no la ha cazado con dificultad, con reglas, con compromiso, cumpliendo, en suma, con ella.
Matar cómodamente, sin destreza, sin práctica ritual y tradicional venatoria, con desproporción de medios técnicos sobre el animal, limitando sus querencias, sus espacios, sus recursos, sus defensas. Todo ello no es caza, es matar sin finalidad esencial y por el placer de hacerlo para aquellos que se conforman con esa simple pretensión irresponsable. En esa pseudocaza no existe respeto ni contrato vital alguno con la pieza y nada tiene que ver con lo nuestro.
Resumiendo, matar por placer, sin más cláusulas, supone ser cómplice de poner en valor, exclusivamente, la muerte del animal, al servicio de quien pague o cobre por hacerlo. La caza no es esto, ni a eso debemos llamarle caza. Cercones, gallinos, masificación y repetición de cacerías, descastes por mala gestión, artificialidad en busca de la matanza perfecta, fácil y sin límites, pero siempre tasada, solo merecen el desprecio y el rechazo del cazador y la exigencia imperdonable, ahora si, de justificación social para los partícipes de todo ello, aunque se quieran llamar cazadores, sin serlo. Yo también estoy en contra de esa "muerte". Por el contrario cazar exige el respeto a la pieza, a reglas y métodos, para ofrecerle una opción a salvar su vida en el lance; a su derecho a pervivir y mantenerse en el campo; obliga a asegurar a la especie su futuro como pieza de caza, velando, ayudando y garantizando sus procesos vitales y los lugares de caza; manteniendo la máxima autenticidad y naturalidad, entendida como conservación. Nadie va a ocuparse de dignificar la caza, salvo el auténtico cazador. Estamos llamados a ser los únicos y últimos responsables de ese contrato vital leal e inexcusable, si queremos seguir cazando, pero ahora, de nuevo, noblemente.
Si los cazadores nos proponemos día a día, paso a paso, esta nueva frontera de nobleza en nuestra práctica venatoria, dará igual que se afirme que la caza es un negocio, un deporte o una hazaña personal, dejemos ese debate. La caza, entonces, será noble, el cazador también y eso nos prestigiará en su práctica, ante nosotros mismos, que no es poco, en tiempos de crisis total, especialmente de valores humanistas muchos de ellos, por cierto, propios de cazadores desde siempre.
(Dedicado a Juan Miguel Sanchez Roig por defender tenazmente los valores de la caza noble y del cazador comprometido)
José Antonio Martinez del Hierro
Jueves, 29 de Abril de 2010











